La primera parte del acto constituyó un homenaje a la memoria de Francisco López Herrera, apodado Requeté en la guerrilla y que pasó diecisiete años encarcelado por su lucha antifranquista. Pérez Girón rememoró sus contactos con este vecino, muy querido en la ciudad, y las charlas mantenidas para escribir el libro “Francisco López Herrera. Un guerrillero andaluz”, que realizó junto a Rubén Pérez Trujillano. Cerró esta parte con el poema “La guerra ha terminado” que hace años dedicó al guerrillero en uno de sus poemarios.
A continuación habló de la represión producida en el municipio tras el golpe militar de julio de 1936, y que produjo lo que denominó un segundo éxodo en la historia sanroqueña. Una represión atroz que se llevó por delante la vida de un número importante de vecinos de ideología republicana o de gente ajena a la política. Para ello se refirió a otro libro suyo, “San Roque, Guerra Civil y represión”.
El ponente resaltó el carácter moderado de los politicos republicanos sanroqueños contra los que cayó el peso de la violencia, ejercida por los sublevados de manera sistemática.
Pérez Girón se refirió a las seis víctimas causadas por una columna malagueña, compuesta principalmente por milicianos de la FAI y que de estos asesinatos fueron acusados demócratas locales sin prueba alguna.
Entre los ejemplos citados de personas apreciadas en la ciudad se refirió a Carmen Bru, la partera de ideología progresista que tuvo un comportamiento ejemplar atendiendo heridos, y unos días más tarde fue detenida y asesinada.
La violencia como arma política
De otro lado, aludió a que la violencia debe ser repudiada en todo momento, más aún se si se basa en la ideología política. No obstante, distinguió entre quienes la adoptaron como norma desde la organización del golpe contra la República y la ampararon en todo momento como arma y fundamento para la eliminación del adversario, manteniéndola incluso después de haber ganada la guerra; y la producida en zona republicana, principalmente, por los grupos fuera de control gubernamental.
En este sentido mencionó al anarcosindicalista andaluz Melchor Rodríguez, delegado de prisiones, que evitó la ejecución arbitraria de miles de detenidos.
También estableció una diferencia entre el tratamiento de las víctimas. Las causadas por republicanos fueron consideradas “muertos por Dios y por España”, recibiendo todas las consideraciones, mientras que las de los derrotados permanecieron sin nombre y en fosas olvidadas.
El mito de la revolución comunista
Por último, manifestó su opinión sobre el mito de que el golpe pretendía salvar a España del comunismo. “El Partido Comunista tenía escasa presencia y su crecimiento se dio a partir de la guerra. Y entonces no propugnaba revolución alguna, su objetivo era ganar la guerra”, añadiendo que la revolución en algunos lugares de manos de anarquistas tuvo precisamente su origen en la propia contienda desatada por los golpistas.
Recordó que el primer gobierno del Frente Popular estaba formado exclusivamente por partidos republicanos moderados de izquierda, sin participación de socialistas, comunistas o anarquistas, que no entraron hasta iniciarse la guerra.
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